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Conoce algunas de las curiosidades de Consuegra

Consuegra, después del 22 de febrero de 1809 Actos del II Centenario de la Batalla de Consuegra – Círculo Cultural Consaburense

CONSUEGRA DESPUÉS DEL 22 DE FEBRERO DE 1809

¿Cómo quedó Consuegra después de la batalla hoy conmemorada? Pues ya hemos podido hacernos una idea después de las intervenciones anteriores. Pasado el fragor de la lucha, y aunque los soldados franceses permanecieron en Consuegra, las gentes poco a poco fueron regresando a sus casas para hacerse cargo de sus enseres y propiedades. Como los buenos frailes franciscanos también nos relataron en el anterior documento, la villa de Consuegra brilló con luz propia durante la noche del ataque. Dicen que las llamas eran tales que la luz se podía ver desde la localidad de Urda. No sabemos si era exagerada aquella afirmación, pero lo cierto es que la vida de Consuegra desde aquella fecha cambió radicalmente. Amén de las pérdidas humanas que las hubo, y de la tensión que suponía para una población tranquila como la nuestra el sentirse invadidos y atacados por todo un batallón de soldados, hubo otras pérdidas, otros cambios que se fueron sintiendo los días, semanas y meses posteriores al ataque. Como nuestro compañero Elías ha dicho en su intervención, todo el conjunto formado por la parroquia de Santa María y el conocido como palacio prioral ardieron al unísono. Por si fuera poco el hospital de San Juan se unió a la quema. Este último pensamos que simplemente por cercanía al fuego principal del palacio, pues se encontraba en la esquina de la calle del Hospital y de Plus Ultra y las llamas seguro que le alcanzaron. Desaparecía el único hospital de Consuegra, fundado en el siglo XVI por el prior Gonzalo de Quiroga y cuyo interior alojaba el altar de Nuestra Señora de la Antigua y una imagen del Cristo de la Caridad. Poco tiempo después solo quedaría el solar y ni una sola piedra de aquella fundación hospitalaria de más de 300 años que ofreció asistencia en Consuegra a sus visitantes y vecinos. Por lo que respecta a la parroquia de Santa María y a nuestro culto religioso, ardería junto a las maderas de la iglesia la imagen de la patrona de Consuegra, la Virgen de la Blanca o Virgen del Castillo, como también se llamó. Seguirían igual suerte las imágenes de Nuestra Señora de la Encarnación y de la Victoria, la del Carmen, así como las capillas de Nuestra Señora del Rosario, la de San Francisco de Paula, la de los Sanbenitos y así el resto de imaginería de la parroquia. Pero en Santa María no sólo había imágenes. En su sacristía se encontraba todo el archivo parroquial. Libros de obra y fábrica, de censos, parroquiales, libros de cofradías instituidas en la propia iglesia… en fin, todo un archivo histórico Consuegra, completo de más de dos siglos de vida, de vida consaburense, de historia consaburense. Siguiendo la estela de los archivos consaburenses, el del propio Ayuntamiento no quedó impune. Los soldados entraron en la casa municipal buscando dinero, objetos de valor, etc., y donde encontraron papeles, no dudaron en escarbar y destrozar. Según documentos de la época, el Ayuntamiento sirvió de caserna o cuartel para la guarnición de las tropas enemigas, y el estado en el que quedó fue lamentable. Y si avanzamos nuestro recorrido por la calle del Arco, (entonces llamada de los Arcos), pasamos el rio y llegamos a la iglesia de San Juan donde también echaron a perder mucho de su patrimonio como descubríamos en la anterior intervención. Pero en ¿qué otros aspectos afectó la guerra a la vida en Consuegra? Pues en los mismos que acarrean todas las guerras, en penalidades, hambre, crisis… La estancia en Consuegra de las tropas francesas que llegaron aquel febrero de 1809, supuso entre otras cosas un enorme gasto para el pueblo. A los soldados primeramente había que darles de comer. Este castillo necesitaba de muchas reparaciones para poderlo adaptar a cuartel y a residencia militar. Sabemos que incluso desde Urda se tuvo que contribuir con maderas y otros materiales para nuestra fortaleza. Tengamos en cuenta que el castillo en estas fechas llevaba más de 20 años sin un uso concreto. La Virgen del Castillo ó de la Blanca que había ocupado este mismo sitio donde hoy les hablamos durante siglos, ya había sido bajada al pueblo en 1785. Los papeles del archivo, los últimos habitantes por así decirlo del recinto bajarían pocos años después al torreón de la Casa Tercia, y por fin, sin nada que contener, el castillo cerraría sus puertas. El Ayuntamiento tuvo que contribuir con diferentes cuentas de gastos de reparaciones y en el sustento de las tropas. En una de ellas por ejemplo, se tuvo que abonar la harina, el pan, reses, cebada, tocino, arroz, aguardiente, menestras, medicinas de la botica, colchones y ropas para cama, así como el gasto de dos pares de mulas con sus dos carruajes. Volviendo a los afectados, es decir a los consaburenses, el que nuestra ciudad alojase a las tropas enemigas, se tradujo en la creación de una contribución especial tanto económica como en especie, para cubrir las necesidades de la guarnición que se encontraba entre estos muros. A partir de 1810 se comenzó a cobrar esta contribución para ayudar al gasto de los soldados y al mantenimiento del cuartel, y como es lógico el pueblo en general no estaba en el mejor momento económico como para hacer frente a estas contingencias. Al no conservarse los padrones de alistamiento de soldados, no podemos evaluar cuantos vecinos habían acudido a filas. Por pura lógica, el campo no estaría lo cuidado y saneado que era menester para esperar unas cosechas abundantes. Y por lo que respecta a otros oficios artesanales, sabemos que los herreros no tuvieron más remedio que aceptar la propuesta de los franceses de fundir todo el hierro del convento de frailes (hoy parroquia de Santa María) aun en contra de sus principios pues al fin y al cabo se debían a su trabajo y estaban bajo las órdenes del ejército francés. Los alcaldes certificaron años después, que a partir de 1809, y unas veces por los invasores y otras por las tropas españolas, se había consumido todo el grano de los diezmos de ese año. Y recuerdan que el ex fraile don Leandro Díaz Monasterio era el comisionado de los franceses encargado del cobro de los impuestos. También en ciertas declaraciones hechas por los fabricantes de paños de Consuegra, realizadas en 1816, vemos como había afectado a estos comerciantes el inicio de la guerra, ya que en 1809 se les había requisado una buena cantidad de paño, destinado al vestuario del ejército español titulado de Sierra Morena. No solo se requisaron telas y paños en Consuegra si no que se vieron involucrados muchos batanes de todo el contorno, pues el número de soldados para vestir era cuantioso. El total de varas de paño fue de 2.934 cuyo importe ascendía a 67.347 reales y 16 maravedíes. El entonces administrador de rentas priorales Sinforiano Vélez y Medrano les había solicitado los citados paños y telas como comisionado para estos menesteres que irían destinado al citado ejército de Sierra Morena , dejando a la mayoría sin pagar. Este sujeto explicó que la orden de requisar el material había venido del Duque del Infantado y demás generales, justificando la oficialidad de sus actos. Don Sinforiano, estimando peligrosa su estancia en Consuegra por lo especial de las circunstancias, huyó hacia Andalucía, donde probablemente tendría familia cercana. Cuando vino de vuelta, los comerciantes de paño consaburenses, aún sin cobrar, le reclamaron el importe de sus débitos. El administrador, queriendo desprenderse de estas deudas, aconsejó que solicitaran los importes al alcalde don Simón Escalona. Dirigidos aquellos al alcalde Escalona, éste les contestó que no se les había pagado porque el dinero del concejo había sido escondido en las monjas por causa de la invasión enemiga y que no se había podido hacer efectivo el pago. Desconocemos si al final alguien llegó a pagar a aquellos pobres comerciantes. Veamos otro ejemplo. Antonio del Pozo, maestro de primera letras, que además había sido sacristán en la parroquia de San Juan, solicita una pensión ya que ha desempeñado el cargo de maestro durante 11 años, desde 1805. Alega en su favor, que trató de establecer una escuela pública, y que comenzó siendo el único maestro. Pero debido a la guerra, y por la esterilidad de las cosechas no tiene en el año de 1816 medios para subsistir. Así lo explicaba en su carta a la administración de la OIrden de San Juan en Consuegra: “La mayor parte de los huérfanos pobres e infelices por su miseria, se alejan del aula, contraen la divagancia, costumbres al pordioseo, y la infección de los vicios…” Las pruebas de la necesidad y carestía de materiales que debieron sufrir por entonces, también la descubrimos a través de un pregón que mandó leer el citado administrador Sinforiano Vélez. Enterado de que varios vecinos del pueblo se habían aprovechado de la destrucción del palacio prioral e iglesia de Santa María para llevarse para sus casas, restos de hierro, mármol y otros efectos, ordenó se leyera a pública voz una orden mediante la cual daba 3 días de plazo para que todo aquel que hubiera sustraído algo del palacio, de la iglesia de Santa María, de los graneros, del castillo, del santo Hospital o bien papeles del archivo, debía devolverlo a la administración de la Orden, ó por el contrario se tomarían medidas Consuegra, después del 22 de febrero de 1809 contra los culpables, ya que el administrador Sinforiano conocía los nombres de algunas personas que se habían quedado con materiales propios de la Orden. Se recordó en el pregón leído a todos los consaburenses que todos los inmuebles y material citados, con todo lo contenido en ellos pertenecía a la Sagrada Religión de San Juan. La vida en el castillo de Consuegra durante los 3 años y 7 meses que duró el acuartelamiento francés no fue fácil tampoco para los invasores. Hay datos de las diversas incursiones que los españoles realizaban hacia el castillo con objeto de arrebatarlo de las manos enemigas. Incluso, en una ocasión, en una de las bajadas que los franceses realizaban al pueblo a por víveres que realizaban por la noche normalmente para pasar más disimulados, los españoles intentaron sorprender a la tropa, pero ésta seguramente avisada por algún espía les estaba esperando y después de un pequeño tiroteo los franceses huyeron hacia el castillo. Poco antes del fin del cuartel francés en el castillo, la tropa española y en concreto los húsares de Valdepeñas al mando del conocido guerrillero Francisco Abad más conocido como “Chaleco”, enviaron una misiva al mando del castillo para que depusieran las armas, fechada el 9 de julio de 1812 en Puerto Lápice. Aunque a esta carta no hicieron el menor caso, dos meses después se produciría el acuerdo entre ambos bandos mediante el cual los franceses acordaron firmar la capitulación del castillo y su abandono. Leamos textualmente el documento que firmado por el general Javier Elío confirma tales extremos: “Excmo. Sr.: el castillo de Consuegra se ha rendido a las armas españolas que tengo el honor de mandar hoy a las 8 de la mañana; es fuertísimo en su posición, tenía 9 piezas de artillería y la fuerza que denotan los adjuntos estados. La altura impracticable en que era preciso colocar la batería ofrecía mil dificultades, que juntas a la escasez de medios, solo se han podido vencer con la constancia e inteligencia de los jefes y tropa de todas armas, que solo miran esta pequeña ventaja como la precursora de muchos triunfos que desean y esperan presentar a su cara patria. El castillo ha aguantado 7 días de una mosquetería muy viva a medio tiro de fusil; pero solo hoya y media de cañón de 6 piezas y 2 obuses extraordinariamente bien servidas. He perdido un artillero y un soldado de infantería y tengo 4 heridos. Este fuerte casi a tiro del camino real de Andalucía a Madrid, era un estorbo impertinente que desde luego me propuse quitar; así a los 12 días de desembarcar en Alicante, lo estaba ya estrechando, receloso de que alguna división volante enemiga lo salvase o reforzase. Incluyo a V.E., los estados e inventario de lo que contenía el castillo para noticia de S.A., sirviéndose V.E., asegurarle de la buena disposición de las tropas de los dos ejércitos de mi mando. A continuación, el siguiente documento enviado al cuartel general, detalla la capitulación firmada entre los dos bandos, mediante la cual el castillo de Consuegra, se devolvía al ejército español. Lo copiamos textualmente por su interesante contenido: Consuegra, después del 22 de febrero de 1809

CAPITULACIÓN AJUSTADA ENTRE MR. FEDERICO SATTER CAPITÁN DEL SEGUNDO REGIMIENTO DE NASSAU GOBERNADOR DEL CASTILLO DE CONSEUGRA POR EL EJÉRCITO FRANCÉS Y DON ANTONIO PUIG, AYUDANTE PRIMERO DE ESTADO MAYOR POR PARTE DEL EJÉRCITO DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

ARTICULO 1º El castillo de Consuegra y la guarnición francesa que le cubre se rendirá a las tropas españolas a las 10 en punto de la mañana de este día.

ARTÍCULO 2º La guarnición saldrá con las armas y las depondrá a las 10 en punto a 40 pasos del castillo.

ARTÍCULO 3º Los oficiales y soldados conservarán sus equipajes, pero no los caballos.

ARTÍCULO 4º Se entregarán a los comisionados de artillería y real hacienda todo lo que exista de municiones de toda especia, bajo de inventario firmado.

ARTÍCULO 5º Inmediatamente que e firme la capitulación, se posesionarán de la puerta 200 soldados españoles.

ARTÍCULO 6º En el momento que depongan sus armas marcharán a su destino las tropas rendidas, excepto los heridos que se atenderán con toda la generosidad propia del carácter español.

ARTÍCULO 7º La presente capitulación será ratificada inmediatamente pro el Excmo. Sr. General en Jefe del tercer ejército español. Castillo de Consuegra, 22 de septiembre de 1.812. Antonio Puig, ayudante primero de estado mayor de los ejércitos españoles. Por no poder firmar el comandante del castillo a causa de estará gravemente herido. (..). Aprobado como jefe de estado mayor del ejército. Juan de Potous y Muxica. Elio.

En el momento de la firma, la tropa que se encontraban en el castillo estaba formada por: 5 oficiales, 7 sargentos, 12 cabos, 1 tambor y 182 soldados, además de un cirujano y un comisario.

Aquel septiembre de 1812, sería un septiembre diferente para Consuegra. No se habían celebrado las ferias y fiestas acostumbradas, ya que desde 1809 estaban suspendidas, pero sí se había recuperado nuestro castillo y desbaratado el cuartel enemigo aquí formado, y además también hubo ocasión para la fiesta y la celebración pues esa misma semana, exactamente el sábado 26 de septiembre, se celebraron en todo el pueblo diferentes actos y conmemoraciones con motivo del juramento oficial de la primera Constitución liberal aprobada ese mismo año en las Cortes de Cádiz. Consuegra, después del 22 de febrero de 1809  

En la plaza se montó un tablado, con un cuadro del rey Fernando VII; los entonces alcaldes don Francisco Rodríguez del Álamo y don Francisco Antonio de Figueroa y Águila debieron jurar la nueva constitución así como los párrocos de ambas parroquias (por Santa María don Francisco Gregorio de Tejada y por San Juan don Andrés López Menchero). El mismo sábado, después de jurarse en la plaza la nueva Constitución, se sabe que hubo luminarias, hogueras y repiques de campanas por doquier. Concurrieron al acto casi todos los vecinos, disparando muchos de ellos descargas de escopetas, y no faltaron diversiones, bailes y canciones patrióticas, además de aclamaciones el Rey, a la nación y a la Constitución; los soldados presentes, realizaron diferentes salvas de fusilería y artillería. El pueblo era una fiesta. Al día siguiente, el 27 de septiembre de 1812, se celebraron dos misas en cada una de las parroquias, a las cuales también asistió el gobernador militar de la plaza, así como un gran concurso de vecinos. En ambas parroquias durante la misa se procedió de nuevo a leer la Constitución ante todos los fieles. El último paso fue llevar el ejemplar de la misma, a los conventos de monjas Carmelitas y de monjas Bernardas, que hicieron lo propio, siguiendo la fórmula de la jura. A partir de aquella fecha a nuestra actual y querida Plaza de España, se la denominó durante un periodo de tiempo la Plaza de la Constitución. Todos los actos de celebración fueron debidamente visados y comprobados por el entonces notario de Consuegra, José Martín Cabeza, que levantaría acta de todo lo sucedido y que hoy afortunadamente se conserva en el archivo del Congreso de los Diputados, donde la hemos consultado. Pasada la emoción de aquellos días y comenzada la tranquilidad y la rutina del día a día, Consuegra debía continuar el trabajo y los quehaceres diarios. No se podía recuperar todo un pueblo de la noche a la mañana de los excesos y destrozos ocasionados por la guerra. Debieron pasar años, varios años, para que poco a poco los vecinos se fueran olvidando de lo sucedido. Por ejemplo hasta 1819 no se pudo volver a disfrutar de una nueva imagen de nuestra patrona, la Virgen de la Blanca. Concretamente sería el 8 de septiembre de 1819 (algo más de diez años después de la invasión) cuando se procedió a la colocación de la nueva imagen de la patrona. Incluso hubo que esperar hasta 1822, para que el Ayuntamiento solicitase presupuesto y ajuste de las obras de reparación de las Casas Consistoriales, ya que según se indicaba “el edificio y oficinas propio de este concejo amenaza ruina si con prontitud no se acude a sus reparos y reedificación”… Igualmente solicitaron de los maestros alarifes, el coste de una torre para un nuevo reloj para la villa, pues el único que había, se encontraba en la torre de la iglesia de Santa María, y desapareció, también desafortunadamente en 1809. Dicha torre se debería construir sobre el arco que se encuentra en dicha plaza, por ser fuertes y consistentes sus murallas, según se indicaba a los alarifes en las instrucciones dadas por los alcaldes. Consuegra, después del 22 de febrero de 1809.

Y hasta aquí nuestra semblanza de cómo quedó Consuegra después del 22 de febrero de 1809. Estas palabras, estos hechos que les hemos narrado, han querido pasar de puntillas por la vida de una ciudad, por la historia de Consuegra. Hemos pretendido ofrecerles un pedazo de nuestra crónica consaburense, sobre una época muy poco conocida y estudiada. Existen muchos más datos, muchas más informaciones, y otras tantas experiencias, que con la ayuda del tiempo y de la paciencia intentaremos sacar a la luz, recuperar y ofrecer a todos los interesados en nuestro pasado. Ponemos aquí punto y aparte en este día tan especial para nuestra ciudad, queriendo recordar y dedicar estas líneas a todos los consaburenses, a nuestros antepasados que lucharon y padecieron los avatares de aquellas fechas. A todos ellos y a los que durante estos 200 años han dado toda o parte de su vida por su tierra y sus gentes, por conservar sus tradiciones, su cultura y su identidad. A todos los consaburenses y amantes de Consuegra dedicamos este acto. Muchas gracias por su asistencia y buenas tardes.

José García Cano, 22 de febrero de 2009